Fotografía: Pixabay.
Los chilangos somos famosos por acompañar con bolillo la mayoría de nuestros alimentos; llámense chilaquiles, tamales, y hasta chiles rellenos; pero, te has preguntado alguna vez ¿cómo llegó a México?
Para hablar de su historia tenemos que remontarnos a la época de la colonia; si bien, ya existían algunos panes hechos de harina, amaranto o maíz, fue hasta la época de la colonia, cuando empezaron a realizarse con harina de trigo; la historia habla de Juan Garrido, un esclavo afrodescendiente de Hernán Cortés, quien encontró tres granos de trigo en un bulto de arroz, plantándolos y germinando sólo uno de ellos, iniciando así, la historia de esta adictiva tradición panadera.
La hipótesis señala que el bolillo como tal, llegó en la segunda mitad del siglo XIX, de la mano de un panadero francés de la corte de Maximiliano de Hasburgo; un hombre de nombre Camille Pirotte, que marcaría la gastronomía mexicana para siempre. Pirotte, llegó a Guadalajara durante la intervención francesa como voluntario en el ejército, dejando su herencia culinaria en tierras tapatías.
Como dato curioso, el nombre de “birote” se debe a él, y a la dificultad de pronunciar su apellido “Pirotte”.
Fotografía: Pixabay.
Cabe mencionar que su producción se vio aumentada durante el Porfiriato, con la inmersión de la cultura francesa en México, tomando gran popularidad a lo largo del siglo XX.
Y a ti ¿con qué te gusta acompañarlo?
Fotografía: Pixabay.
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