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HISTORIA DEL ACUEDUCTO DEL PADRE TEMBLEQUE

Otumba es un poblado del estado de México, ubicado a sólo 17 km de San Juan Teotihuacán. Punto de convergencia de caminos hacia el puerto de Veracruz, la Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala e Hidalgo; siempre caracterizado por la escasez de agua, lo cual resolvían acumulando agua de lluvia u obteniéndola de San Juan Teotihuacán.

Problema que se vio acrecentado durante la colonia, y el cual se vio resuelto con la construcción del acueducto de Otumba y Zempoala, mejor conocido como Acueducto del Padre Tembleque. Estos son algunos datos que debes conocer sobre este:

– Los planes de construir un acueducto existían desde 1541, cuando fray Jacobo de Testera informó a Carlos V de la necesidad de la obra. En 1542 se emitió una cédula real en la que exentaba a los habitantes de Otumba y su provincia, de pagar el tributo real por tres años, a cambio de participar en la construcción del acueducto.

Por razones desconocidas esta no se emprendió, hasta nueve años más tarde, en 1553, cuando autoridades de Otumba llevaron al entonces virrey don Luis de Velasco la cédula de 1542, quien la ejecutó, librando a la población de dicho pago por tres años. Nombró a Juan de Zarza de Agüero para trazar el recorrido del acueducto, mientras que el padre Tembleque se dedicaba a estudiar la conducción y distribución del agua, controlando su volumen y presión.

La obra se extendió más de lo pensado, tardando en su totalidad 17 años y realizada por 40 comunidades indígenas.

www.inah.gob.mx

– Fray Francisco de Tembleque era originario del pueblo de Tembleque, en la provincia de Toledo (España). Era costumbre de los frailes, tomar como apellido el nombre de su lugar de origen. Llegó a la Nueva España con 32 años, a principios de 1542. Encontró la facilidad de traer el agua, de los manantiales que estaban junto al cerro del Tecajete, en los términos de Tzacuala (hoy municipio de Zempoala).

– Para muchos fue considerada una obra realizada por “intervención divina”, debido a la dificultad de la obra, pues el padre Francisco de Tembleque se atrevió a hacer lo que un arquitecto hubiera dudado, por la envergadura de la obra y sobre todo, por el imponente tamaño de su arco central sin antecedentes. Este logro se debió a la utilización de cimbra de adobe en sustitución de cimbra de madera.

Puede observarse un nicho dedicado a la Virgen de los Ángeles, muy venerada por los franciscanos.

– Según especialistas, Tembleque, retomó teorías constructivas renacentistas de Vitruvio, del siglo I a.C. y de Leone Battista Alberti, del siglo XVI.

– La obra sirvió para abastecer de agua a pequeñas poblaciones del Antiplano mexicano, ubicadas en los actuales estados de Hidalgo y México. Es considerada la obra hidráulica colonial más importante de América.

– Se calcula que para su construcción trabajaron de 400 a 600 hombres diariamente, combinando técnicas y materiales de uso prehispánico, como el bruñido, que es un adherente donde se mezclan cal, agua, baba de nopal y miel de abeja.

– La construcción alcanza los 48.22 kilómetros lineales, sorteando cerros, barrancas y hondonadas. Su arquería mayor supera los 38 metros de altura,

Fotografía: www.inah.gob.mx

– Algunas versiones aseguran que dejó de funcionar en 1674 y fue sometido a una reparación en 1698. Otras fuentes señalan que fue a mediados del siglo XIX cuando el agua dejó de correr por sus conductos.

– Fue inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO el 5 de julio de 2015.

– Está por cumplir 450 años de existencia.

  • Información basada en el libro “En busca de agua para no morir de sed” de María Castañeda de la Paz

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